Tú no, Parka

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Tú no, Parka

Llevo 24 horas intentando asimilar lo que pasó. Los flashbacks de mi cabeza me regresan al 17 de octubre, cuando me fue autorizado el viaje a Monterrey, para cubrir el 64 Aniversario de la Coliseo de esa ciudad. La Parka contra Rush se antojaba interesante; ahí la importancia de ir.

Preparé todo para volar; dos mudas de ropa, equipo y todo lo necesario para una cobertura a la altura de la situación: la primera lucha de Rush en el lado independiente. Cuando llegué a Monterrey, estaba peor que perro en el Periférico: perdidísimo.

Sin embargo, llegué a la arena y a la conferencia, sin mayor problema. A la función llegué con tres horas de antelación. De hecho, estaban trapeando la lona del ring. No había ni dios en la entrada, pero yo ya estaba ahí (además de que no tengo amigos en la ciudad que pudieran darme un tour en ese momento y con el suficiente tiempo para llegar al evento).

En cuanto abrieron la puerta, la gente se arremolinó en los costados de la alfombra roja que pusieron para el acceso de los luchadores de Kaoz Lucha Libre. El primero que entró, sin mirar a sitio alguno, fue Konnan. Luego los elementos de la promotora local. La gente de Lucha Libre Triple A entró en algún inter. Parka y Murder Clown lo hicieron ya iniciada la función; la gente los interceptó, pero la seguridad los metió a su “vestidor”, la zona de prensa.

Dieron la espalda a la puerta y se quitaron las máscaras. Cuando entraba algún fotógrafo o integrante del staff, las recolocaban en su sitio. Ahí permanecieron hasta momentos antes de su entrada por la pasarela, directo a su lucha. Empero, la cosa que más perturbado me dejó fue que, en un momento entre luchas, La Parka olvidó colocarse la incógnita -o tal vez le valió-. Levanté la cara y le vi el rostro; mi corazón se rompió en mil pedazos, porque no deseaba verlo así. No ese día, no jamás.

Me escondí detrás de una columna para evitar verlo de nuevo. Su voz me confirmaba que era el mismo al que había visto. Seguía en negación, no me lo podía creer. Cuando llegó el momento de su lucha y se dieron con todo, el ritmo que llevaban, tres de los cuatro, era frenético. Park, Rush y Murder corrían, subían, bajaban; Parka, por razones obvias, no los seguía a ese grado.

Lo vi poco concentrado cuando iba a salir en ese tope. Escuché el golpe, pero no lo vi bien, pues estaba en el otro lado del encordado, con el enfoque de las acciones de LA Park y Murder Clown. Las asistencias médicas llegaron en menos tiempo del que esperaba; salió al hospital entre aplausos y uno que otro grito de algún inadaptado. No supe más de él.

Minimicé lo ocurrido por lo mismo de que no vi la manera en la que aterrizó. No conocer más detalles de lo que tenía hacía preocuparme muchísimo. Lo que fluyó en las próximas horas fue una explosión para mi cabeza. En todos lados se hablaba de una hospitalización de emergencia por un tema en las cervicales; no podía creerlo.

Conforme los meses pasaron, se pusieron en la mesa distintas posibilidades de cómo podía terminar el tema. La primera es que tendría que ser una recuperación lenta (MUY LENTA), pero no volvería al ring; la otra es que podría quedar paralítico; la más optimista es que volvería a luchar. Nunca que perdería la vida.

Que si salía del hospital, que si no; que si no podía salir de Monterrey, que se lo llevaron a Hermosillo. El hermetismo por el que se caracterizó este suceso fue perturbador. Al final fue un problema renal lo que acabó con la persona. El hombre que le entregó su vida al deporte más celoso, sus días y noches; sus festivos y los importantes; sus desvelos y la mitad de su vida. A partir de ahí, aunque suene a cliché, comenzó la leyenda.

Tú no, Parka. No podías irte. No aún. Soñaba con anunciarte en una Triplemanía, bajando con el clásico Thriller, de Michael Jackson. Ahora sólo quedará hacerlo como hasta ahora: en mis sueños. Mientras tanto, te deseo un buen tránsito a eso que tanto miedo y morbo genera; a eso de lo que hacías mofa con el equipo saltarín y bailarín que salía al ring: la muerte. Lo mínimo que te merecerás es que el tercer estandarte que lleven las edecanes sea con tu máscara y seas homenajeado junto a Antonio Peña en Héroes Inmortales (lo eres) cada año.

Espero que me falte mucho, pero algún día volveré a entrevistarte. Hasta entonces.

@MauRebollo21

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