Flyer: de un Oxxo a la Arena México

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Flyer: de un Oxxo a la Arena México

A sus 17 años, Flyer trabajaba en una tienda de conveniencia Oxxo de Monclova, Coahuila. Juntó el dinero suficiente para un boleto de autobús, con destino a la Ciudad de México, sin retorno. Vestía chanclas. No les avisó a sus padres de tal plan, ni travesía.

Así es como Flyer empezó su carrera en la lucha libre. De ese viaje inicial fue recogido por su tío, Volador Junior, en la Central del Norte. Eso sí, ya tenía conocimiento del pancracio, practicándolo antes de su arribo. Ya en la capital, todo le fue diferente. La vida era más rápida. Trabajó en Tepito con su tía, en su negocio de blusas, dándole la oportunidad de desenvolverse en la mancha urbana.

Ser parte de la Familia Real es un honor para él. Sin embargo, ante tal situación ha encomendado esfuerzo para darle su toque único a su labor como luchador en, por ejemplo, su máscara.

El primer diseño tenía (en la parte superior) las barbitas como las de mi tío. Me dijeron por parte de la empresa que se parecía mucho a la máscara de Volador; me sugirieron un cambio. Hablé con mi tío, y me dijo que él había usado un personaje en Japón que se llamaba Komachi, era como un tren bala. Me dijo que hiciera algo parecido. Metí el diseño y no les gustó. Fui armándolo para que la gente me identifique que soy de la familia de los voladores.

El personaje de Komachi lo utilizó su tío en Michinoku Pro Wrestling, empresa del país del sol naciente, que no le es ajeno al muchacho. Llegó a posicionarse como uno de sus destinos favoritos; lo ha pisado en dos ocasiones.

La afición de allá es hermosa. Las máscaras, todo me compran, playeras. Yo con ganas de ir todos los años a Japón.

Oficialmente, empezó sus aventuras en el Consejo Mundial de Lucha Libre como parte de la Generación 2014. Cuatro años después se alzaría, junto a Volador Junior como campeón del Torneo Gran Alternativa 2018. Ya en 2020, vendría su primer reinado, aún vigente, junto a Atlantis Junior como monarca nacional de parejas. La función, donde obtuvo el oro, resultó muy especial por varias razones. Una de ellas, por ser la última función en la Arena México, con público.

Todavía no salíamos a luchar y teníamos los nervios de punta. Por ahí escuché en los pasillos del vestidor que empezaron a decir que ya habían suspendido las funciones de la Arena Guadalajara y la Arena Puebla. La verdad (pensé), no creo que suspendan la Arena México. Me fui con eso en la cabeza. Me metí y se me quitaron los nervios arriba del ring, pero la verdad fue una lucha difícil contra uno de mis rivales, Templario e (Hijo de) Villano III.

El campeonato que ostenta ya estuvo en la familia anteriormente. Su abuelo, Volador, y Misterioso lo conquistaron en 1992.

Orgulloso de saber que mi abuelo lo tuvo por un tiempo. Ahorita decirle que el campeonato regresó a la familia me hace sentir muy bien. Creo que a toda la familia. Cuando gana un integrante de la Familia Real, ganamos todos, me hizo sentir de maravilla.

Como ejercicio de introspección, dio a conocer qué cree que le hace falta para llegar más alto.

Cada día sigo escalando, me falta ser reconocido por la gente. Lo que más me importa es que la gente me reconozca, que la gente me idolatre o me abuchee, pero que la gente ponga sus ojos en mí. Cuando a la gente le gustas o te abuchea, te ponen en las luchas estelares. Cuando pasas desapercibido, ni te pelan ni nada. Lo que me falta es entrar más al gusto de la gente.

De ser necesario apostar su máscara o su cabellera, lo haría.

Como está la situación, cambian las ideas, los pensamientos. Andábamos motivados, se viene esto y se corta todo. Cuando alguien se me ponga en frente y me diga un máscara contra máscara, o por el campeonato, voy a decir que sí. Son retos y oportunidades a las que no se les puede negar.

En una de sus travesías camino a Guadalajara, sufrió un imprevisto que le obligó a improvisar en la marcha.

Salimos de la CDMX a las 11 de la mañana. Se me hizo tarde para llegar al autobús; apenas lo alcancé. Llegamos y, a la hora de la función, me cambié. Me puse todo y cuando me iba a poner la máscara no la encontré. No la llevaba. Compré una máscara del Volador, de esas de 25 pesos, para que me cubriera la cara. Lo que quería es que se terminara. La gente, me imagino, sí se dio cuenta, los de primera fila. Ni les puse atención, lo que me preocupaba es que no se me zafara la máscara.

Actualmente, y después de varios cambios, finalmente se siente él mismo.

Ahorita me siento muy cómodo. Me encanta mi personaje, me encanta la máscara, cómo quedó, cómo uso mi vestimenta.

Contraste total con la perspectiva que tiene del deporte en sí, parado ante la emergencia sanitaria.

Todo está muy bien, nada más que falta lo mero bueno: la lucha libre. Me siento triste, sacado de onda. Ya necesitamos que regrese la lucha libre a la Arena México. Por querer luchar, y económicamente nos hace falta. No es lo mismo trabajar sin gente. La gente te motiva, te hace que saques el mil por ciento. Hasta que te mienten la madre se extraña.

Encrucijada que ve con los mejores ánimos, siguiendo su preparación desde casa.

Necesitamos que las cosas regresen. Primero a la normalidad, para irnos preparando. Ahorita, lo poquito que se puede hacer en casa. No es igual. Creo todos los compañeros estamos acostumbrados a andar en el ring, azotándonos; en un entrenamiento de gimnasio de pesas, el cardio. La verdad, ahorita no me quiero arriesgar porque sí esta fuerte la situación.

 

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