CDMX, 32 años después

Regresar a Entradas

CDMX, 32 años después

Se siente el miedo en las calles. No puedo decirlo de otra manera; no existe. La energía está concentrada en ayudar, pero hay muchas manos inactivas. Esa es la CDMX, 32 años después.

***

El martes 19, irresponsablemente, ignoré el simulacro que se hace año con año a las once de la mañana, para conmemorar al movimiento telúrico que azotó a la Ciudad de México como nunca nadie olvidará.

Sólo intentaba llegar temprano a mi siguiente clase. No obstante, no esperaba con que el edificio al que iba estaba en pleno con el ejercicio. Ahí me mantuve hasta que llegó el momento de entrar a las aulas.

Mareado me sentía desde la mañana de ese día. Un pie en el piso, moviéndose incesantemente me incomodó y, con la cabeza dándome vueltas, sentí normal que me temblaran las piernas.

El pie salió despavorido, dejando una banca tirada en el salón. “¡Está temblando!” fue la consigna. El movimiento superó al del siete de septiembre que también lo sentí. En su punto cumbre, cruzaba el pasillo que conecta un edificio con otro. Inevitablemente, sentí que se partiría en dos.

Las ventanas se movían como hojas de papel; crujían. Alguien nos ordenó no bajar y sigo pensando que es la mejor decisión en esos casos.

Como saldo, el movimiento dejó varios salones con cuarteaduras de consideración y cuatro días sin clases. Eso es lo de menos.

***

20 de septiembre: todos los medios se centran en las labores de búsqueda para sacar a niños y adultos que quedaron atrapados en una escuela.

Más allá de eso, miles y miles de manos movilizándose para retirar escombros, comprar y recolectar víveres, otras miles las repartían. Tantas más alimentaban a Marinos, Fuerzas Armadas, Policías y civiles que colaboraban en esas acciones.

Si bien, a diario caminamos con velocidad por las calles, abrazando nuestras cosas en el transporte, con las ventanas abajo en los automóviles, mirando para todos lados, en emergencia se nos olvida. No pone lo que más puede, pone todo lo que puede. Eso, como en la misma fecha pero de 1985, hizo la diferencia.

Eso hace grande a México.

***

Caras largas, ojeras, tonos de voz débiles y más cosas pesarosas rodean el transporte. Si bien, no pude salir antes, lo hice hasta el 21.

Se avisó mediante redes sociales que el Sistema de Transporte Colectivo Metropolitano sería gratuito hasta nuevo aviso. Regularmente la estación Cuatro Caminos de este transporte es muy ruidosa (casi como todas); el silencio imperaba.

No entiendo si sólo fue el momento, el día o lleva así desde la tragedia pero llamó mi atención. La combi y el Metro, hasta el momento. Los vagones no tenían escándalo de los ambulantes con bocinas gigantes y discos de lo mejor de la música. Más raro aún.

Igual y la gratuidad tuvo algo que ver (inconscientemente) pero el tren corría lentísimo. Tardé en llegar a mi primera parada: Auditorio.

IMG_20170921_150402-01_opt

Manos sobraban en el lugar. Inmensas cadenas humanas para subir los paquetes armados, con holgada antelación, a los camiones, camionetas y tráileres que aguardaban incluso estacionados en Paseo de la Reforma.

Nadie pitó, nadie se quejó del tráfico… porque no había. Al momento de partir, aplausos escoltaban los artículos de primera necesidad, mayormente.

Tras una escala, continué por Reforma y en la entrada de los Leones del Bosque de Chapultepec había un sinnúmero de paquetes esperando por transporte para ser trasladados. De igual manera en la Estela de Luz.

Al seguir el recorrido por dicha avenida, el silencio seguía apoderándose del camino. Parecía el único caminando por ahí. La combi, el metro y ahora Reforma.

Algunos pasos atrás de la Columna de la Independencia, un edificio mostraba/muestra cierta inclinación que llenó de expectación a quienes caminabamos por ahí.

El Ángel cuidaba de su ciudad, que había sido muy lastimada sólo un par de días antes. Bajo él, otro centro de acopio.

Frente al centro comercial Reforma 222, un despacho abrió su propia carpa para recibir ayuda. Cinco al momento. Metros adelante del recinto de compras, un edificio mostraba evidentes cuarteaduras en los cristales que formaban su fachada. ¡Qué maldito miedo!

Inclusive, el edificio de la Procuraduría General de la República está acordonado porque tiene un hueco generado por el sismo. Se cayó un cristal.

Por otra parte, el edificio de la Comisión Federal de Electricidad que está sobre el propio Paseo de la Reforma, ese mismo que se movía con fuerza el martes, no tenía un alma a la vista. Acordonado se encontraba y las cintas se rompieron.

El edificio del diario El Universal está cerrado. Una ruptura en la estructura lo hace frágil y corre el riesgo de caer. Nunca había visto tanta destrucción en la ciudad que también considero mi ciudad.

IMG_20170921_163652-01_opt

***

Por desgracia, en el sismo de 1985, Reforma fue afectado sobremanera. En la crónica en vivo que Jacobo Zabludovsky sostenía para la radio, se detalló cada lugar que se encontraba en desgracia; en 2017, esta avenida guardaba silencio para recordar a los caídos esta vez.

Si bien, hay muchas manos trabajando, no son suficientes. México es mucho país para ese terremoto. Justo redactado en el Día Nacional de la Lucha Libre y el Luchador Profesional Mexicano, les juro que tenemos que revirar en la tercera caída.

Por más que el miedo quiera foulearnos, los técnicos somos más. Podemos llevarlo al toque de espaldas para salir de esta lucha victoriosos.

Hablemos el idioma de los dioses. Hablemos lucha.

Comentarios

Comentarios

Compartir

Regresar a Entradas